El 28 de octubre del 2007 el presidente Alan García Pérez publicó en el diario “El Comercio” de Lima un extenso artículo titulado “El síndrome del perro del hortelano”, con un sobretítulo que rezaba: “Poner en valor los recursos no utilizados”.
En uno de los párrafos el presidente García afirma: “Hay millones de hectáreas para madera que están ociosas, otros millones de hectáreas que las comunidades y asociaciones no han cultivado ni cultivarán, además cientos de depósitos minerales que no se pueden trabajar y millones de hectáreas de mar a los que no entran jamás la maricultura ni la producción”.
Siguiendo con la idea de que en el Perú sobran recursos que no se aprovechan, García afirma: “Así pues hay muchos recursos sin uso que no son transables, que no reciben inversión y que no generan trabajo. Y todo ello por el tabú de ideologías superadas, por ociosidad, por indolencia o por la ley del perro del hortelano que reza: Sino lo hago yo que no lo haga nadie”.
Agrega más adelante en la misma crónica que el primer recurso de la Amazonía son sus 63 millones de hectáreas y lluvia abundante, pero sin propiedad esa riqueza es inútil. “Por el contrario, la propiedad formal por grandes empresas colectivas como los fondos de pensiones permitiría hacer inversiones de largo plazo desde la siembra hasta la cosecha después”. Luego remata en uno los párrafos del artículo: “Esa misma tierra vendida en grandes lotes traería tecnología de la que se beneficiaría el comunero, pero la telaraña ideológica del siglo XIX subsiste como un impedimento”.
Todo lo que García piensa y decide sin consultar a nadie sobre la Amazonía revela y traduce y ejecuta esta ideología trasnochada de una Amazonía semivacía y lista para ser asaltada por el gran capital transnacional. El centenar de decretos legislativos emitidos y leyes promulgadas desde principios del 2009 por el Ejecutivo para la implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos no hacen sino abrir las puertas de la privatización de las tierras amazónicas al capital extranjero, ignorando, como en el caso de Lula en Brasil, los intereses de las poblaciones amazónicas, en particular de los dueños ancestrales de esas tierras, los indígenas.
Una de estas leyes es la número 29317 de Forestal y Fauna que, según Luis Gomero Osorio, experto en el tema, favorece la siembra de monocultivos para agrobiocombustibles. La ley establece que se puede efectuar el cambio de uso de la tierra con fines de “interés nacional”. Para Sandro Chávez, del Foro Ecológico Peruano, este concepto es “una trampa puesta por los lobbys que quieren el bosque virgen para cultivos de biocombustibles”.
El otro ejemplo de que todo el paquete legal para la puesta en ejecución del TLC apunta a la transnacionalización de la Amazonía es la Ley 29316 que es ambigua y deja la llave en las manos de los biopiratas del siglo XXI y de los productores de transgénicos como Monsanto. Con relación a esta norma la especialista Isabel La Peña señala “que la principal observación se encuentra en el artículo 8 de la ley 29316, porque es ambiguo y deja abierta una ventana a la posibilidad de patentar genes aislados de nuestra biodiversidad, entre ellos el sacha inchi que contiene Omega 3”.
Por su parte, la Dra. Antonieta Gutiérrez, bióloga de reconocido prestigio nacional e internacional, dice que con esta ley que ha eliminado el llamado certificado de origen de la Decisión 486 de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que aseguraba los intereses del Estado peruano y cautelaba los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas, “estamos condenados a ser consumidores y no productores”.
A la fecha, como resultado de la política del “perro del hortelano” de Alan García Pérez más de 500 mil kilómetros cuadrados de la Amazonía Peruana están lotizados a las multinacionales petroleras y gasíferas. Una de estas empresas es precisamente la brasileña Petrobras. La otra es la Hunt Oil, que tiene el lote 76 y uno de cuyos propietarios es Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa del gobierno de George W. Bush y el más duro de los halcones que jugó un rol protagónico en la invasión de Irak, el 20 de marzo del 2003.
El lote 76 tiene una superficie de 1 millón 500 mil hectáreas, abarca totalmente a la reserva indígena Amarakaire y se extiende por las áreas de amortiguamiento de los Parques Nacionales del Manu, Bahuaja-Sonene y Tambopata-Candamo. La Hunt Oil instalará 18 líneas sísmicas, 166 helipuertos, 1948 zonas de descarga, 166 campamentos volantes, un campamento logístico en Salvación y una sub base en Quincemil. Lo que da apenas una pálida idea del desastre que provocará en una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta.
En la reunión Lula-García en Río Branco se habrían ratificado los acuerdos de inversión de la empresa brasileña Electrobras para la construcción de 3 centrales hidroeléctricas en Puerto Prado (río Tambo), Boca Tsomabeni y Paquitzapango en el río Ene con una inversión de 6 mil millones de dólares y destinada al abastecimiento energético del Brasil. Este megaproyecto ubicado en la Selva Central del país está generando una dura resistencia de los pueblos indígenas Asháninka que, con razón, advierten de severos daños e impactos ambientales por las previsibles inundaciones que alterarán drásticamente sus actividades económicas y su forma de vida.
Otro megaproyecto orientado a cubrir el déficit energético del Brasil es la Central Hidroeléctrica de Inambari, que integra un paquete de 7 grandes proyectos. Inambari debe producir 1,450 megavatios. Esta obra forma parte del megaproyecto de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) que, de acuerdo al analista uruguayo Raúl Zivechi, “Se trata de una integración doblemente subordinada a Brasil por parte de los países sudamericanos, y del concepto de la región al mercado y al empresariado mundiales”.
La transnacionalización de la Amazonía, en el caso del Perú, ha puesto en pie de resistencia a los pueblos indígenas. Si desde la fundación del capitalismo eran los obreros sindicalizados que luchaban por humanizar el sistema hoy en colapso, en la coyuntura actual son los pueblos indígenas los que luchan y resisten para que ese sistema no termine por extinguir la naturaleza y toda forma de reproducción de la vida en el planeta.
Es decir, la resistencia indígena por la naturaleza y la vida es una batalla del fin del mundo.
Fuente:
www.desafio-peru.blogspot.com.pe/Roger Rumrril Garcia

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